Home Servicios Natación bebés (0 a 5 meses)


Este procedimiento para tu bebé  es para que lo practiques, desde los primeros días, en tu propia casa en un lugar cómodo para tu bebé y para tí.


¡Puedes empezar a tener buenos resultados desde el primer día!

(Extraido de nuestro libro "¿Jugamos a nadar?")


 


 

 

Los primeros cinco meses

Dormir, comer y...¡al agua!

Todos hemos visto imágenes en televisión de bebés buceando por el agua. Estas son sólo verdad a medias, ya que es cierto que el bebé puede meterse debajo del agua sin demasiados problemas e incluso realizar movimientos "natatorios". Si estas imágenes se pasan a cámara lenta, se montan adecuadamente y se acompañan además con una música idílica ya nos parece que los bebés están dotados de branquias y que su medio natural es el agua. Pero estas inmersiones en realidad duran un momento y el niño necesita de un adulto (que normalmente no está en el plano) que le rescate inmediatamente.

No vamos a contarte que un bebé de menos de un año puede nadar, pero sí podemos afirmar que las actividades acuáticas pueden beneficiar el desarrollo del bebé desde las primeras semanas de vida. Sin embargo existen varias razones por las que no aconsejamos bañarles en la piscina de uso público hasta que no cumplan los cinco o seis meses: la temperatura y el tratamiento de las aguas, la mayor exposición a posibles enfermedades, etc.

La principal razón por la que no se empieza a trabajar desde tan pequeños en la piscina es que el mismo trabajo que van a realizar en ella lo pueden llevar a cabo en la bañera de casa. Con ello salvamos los problemas que antes mencionábamos y ajustamos mejor el baño a las condiciones de tranquilidad e intimidad que requiere y a la temperatura, duración y momento que más convenga a cada niño. Todo lo cual es muy difícil que se pueda organizar en una piscina de baño público.

Además una vez que el niño llega con seis meses a la piscina se nota que antes ha tenido unos buenos preliminares en la bañera de casa pues se relaciona mucho más activamente y disfruta con más tranquilidad del momento del baño.

Con los más chiquitines el baño debe ser tranquilo ya que de por sí supone un gran número de sensaciones diferentes a las habituales y si a eso le sumamos mucha fiesta y alboroto es posible que lo que consigamos con ello, en vez de relajarle, sea sobreexcitarle y tan malo es el exceso de estimulación como el defecto.

No debe haber demasiada gente en el baño, ni debemos estar entrando y saliendo pues el ambiente debe conservar una temperatura agradable no muy diferente a la del agua.

El agua se debe poner a una temperatura de unos treinta y cuatro grados centígrados (aunque el mismo niño nos irá indicando sus preferencias) y el baño no debe durar demasiado, pues el lactante pierde temperatura con facilidad. Poco a poco irás bajando la temperatura del agua, para que el niño pueda acostumbrarse a la de la piscina, e irás alargando su duración a medida que el niño regula mejor su temperatura corporal.

No hay ningún problema en que se mojen los oídos o los ojos del niño siempre que al salir se sequen bien, de hecho esto le ofrece una experiencia de percepción diferente, por lo que no le resultará tan extraño las primeras veces que meta la cabeza debajo del agua. Con lo que sí hay que tener cuidado es con la nariz, por la que generalmente respira el niño, pues inspirar agua es suficientemente molesto como para que un accidente de estas características pueda hacer que se termine la tranquilidad del baño.

 

BEBÉS SUBMARINOS.

Los bebés no tienen ningún problema en "bucear" si se les plantea de un modo adecuado. Antes de hacer la primera inmersión debes ir dejando caer agua al niño por la cabeza para observar sus reacciones y que se vaya acostumbrando al contacto de la misma en la cara, aunque normalmente resulta más molesto que te chorree agua por la cara que sumergir la cabeza.

 

Para llevar a cabo la inmersión debes estar frente a frente con el niño en una posición que os resulte cómoda y que te permita hacer con soltura todos los movimientos que a continuación describiremos. Para esto suelen ser más cómodas las bañeras de tijera o de mueble en las que puedes agacharte hasta estar frente al niño al que sujetas tumbado boca abajo.

Cuidado con esta posición en el caso de los más pequeños porque aún les cuesta mucho sujetar su cabeza levantada y si lo hacen se cansan pronto dejándola caer súbitamente, pudiendo meterla dentro del agua sin previo aviso. Si esto ocurre, ante todo mucha calma. Al niño no tiene porqué pasarle nada y muchas veces se asustan más por el susto de los padres, que por el hecho de meter la cara en el agua.

Si el niño inspira agua por la nariz, flexiónale el cuello suavemente llevándole la barbilla hacia el pecho y seguramente eche el agua como en un estornudo. Esto le enfadará bastante, así que lo mejor que puedes hacer es calmarte tú y calmarle a él abrazándole y reconfortándole.

Si crees que puedes calmarle aún dentro del agua mejor, pues así podréis terminar el baño más tranquilamente y no se asociará sólo con el mal rato. Si no, no te preocupes, sácale, cálmale y hasta la próxima vez. Mucho cuidado, al intentar calmarle, con los "no pasa nada", los "no llores, tonto" y demás formas de invalidar sus sentimientos. SI pasa algo y tú debes tratar de reconocerlo y comprenderlo para poder reconfortarle. Se trata de que no llore porque se encuentra mejor, no porque tú se lo digas. Puedes explicarle lo que ha pasado y si no se calma con facilidad le vendrá bien que le enseñes cosas del entorno lo que sacará su atención del incidente.

Volvamos al procedimiento de la inmersión: Como decíamos estás con el bebé cogido por las axilas y mirándoos cara a cara, entonces le explicas que va a bucear o a meter la cabeza debajo del agua y cuentas "uno, dos y tres" a la vez que haces suaves amagos. A la de tres le soplas o le salpicas en la cara y cuando notas que ha inspirado y mantiene la respiración (puedes hacer la prueba antes para reconocer el gesto), le tumbas hacia delante dejando que se le hunda la cara

dentro del agua y, si tienes suficiente espacio le desplazas un poco hacia delante. Enseguida le sacas pero no con un movimiento brusco, ni sacándole todo el cuerpo, basta con poner al aire las vías respiratorias, boca y nariz.

Desde el momento de contar y amagar hasta que el niño sale del agua apenas transcurren un par de segundos y debe ser todo un movimiento seguido, decidido y suave, no se trata tanto de meterle debajo del agua como de dejarle entrar.

 

Esta maniobra no se debe hacer en estas edades más de una vez por baño y no necesariamente debes hacerla en cada baño, menos si el bebé no esta cómodo con ella. Si tú o el niño tenéis algún reparo con respecto a ello será mejor dejarlo hasta que un profesional pueda enseñaros a hacerlo en la piscina, piensa que la inmersión no tiene ningún valor en sí misma, salvo que es una experiencia más respecto a percepciones, sensaciones corporales de equilibrio y flotación, y control de la respiración que deben ser placenteras, pues si no es así no benefician si no que perjudican, por lo que no hay ninguna prisa para que la pongas en práctica.

 

FLOTACIONES Y CAMBIOS DE POSICIÓN.

Las bañeras de bebés son muy prácticas y cómodas para los papás, pero si queremos que el baño sea más enriquecedor sería mejor que el niño tuviera suficiente cantidad de agua como para flotar en ella y que la persona que le bañe tenga posibilidad de colocarle en diversas posiciones, para lo que puede ser mejor llenar un poco la bañera grande y meterte dentro con el niño. Entendemos que esto puede ser demasiado complicado para diez o quince minutos de baño (o menos, sobre todo al principio), aunque si no lo haces todos los días no deberías perderte esta experiencia en alguna ocasión.

De todos modos, aunque estés fuera de la bañera, sí conviene que el niño flote en el agua para que pueda sentir cómo esta le mece mientras que tu sólo le sujetas por la nuca.

No explicaremos exactamente cómo debe ser este apoyo ya que no existe un canon fijo, cuantas más posibilidades se prueben mejor, siempre que tanto tú como el bebé os sintáis cómodos y seguros en la postura elegida.

Al principio, debes dar bastante contacto al niño sujetándole con el brazo alrededor de todo el cuerpo, apoyo que vas retirando muy gradualmente según te sientas seguro y sientas que el niño también lo está, hasta sujetarle apenas con la palma de la mano detrás de la nuca.

La posición del baño puede ser muy adecuada para el contacto visual entre los rostros del niño y de quien le baña, así que, si ese momento es para charlar, lo es para hacerlo con el niño y no con cualquiera que os acompañe y sobre cualquier tema del día. Carantoñas, "ajos", pedorretas, cancioncillas, etc. deben acompasarse con los movimientos de balanceo que estas haciendo en flotación, lo que, además de estrechar lazos afectivos, favorecerá las conductas comunicativas que el niño irá desarrollando durante los próximos meses.

Esta posición es también muy adecuada para proponer al niño el contacto del suelo y las paredes de la bañera con diferentes zonas de los pies de modo que intente apoyar toda la planta, con lo que irá movilizando y fortaleciendo los tobillos, los músculos encargados de encoger y estirar, los de abrir y cerrar las piernas dando flexibilidad y fuerza a las caderas, todo ello muy importante para las distintas formas en que se desplazará más adelante.

Aprovechando la flotación le harás pequeños y suaves desplazamientos acompasados hacia delante y hacia atrás, hacia los lados y con suaves giros del tronco en sentido longitudinal, como si fuéras a colocar al niño boca abajo pero sin llegar a hacerlo. Cuidado con las brusquedades porque puedes tener al niño en una constante reacción de Moro* ante la sensación de caída que puede producir la flotación. Si esto sucede conviene limitar los movimientos y aumentar el contacto con el niño abrazándole o sujetándole por más partes del cuerpo dejando para más adelante la retirada gradual de la sujeción.

Antes de acabar el baño puedes vaciar un poco la bañera de agua para que el niño sienta el apoyo con el fondo pero sin que el agua deje de cubrirle para que no pierda temperatura. De este modo su flotación le levantará un poco, no cargando todo el peso que habitualmente, en seco, apoya en la espalda. A pesar de que puede estar tranquilamente solo apoyado en la espalda y la cabeza no retires demasiado la mano de su cabeza pues el contacto del agua con las comisuras de los labios provocará otro reflejo del bebé, por el que girará la cabeza hacia el agua, pudiéndose dar inmersiones no deseadas.

En esta situación puedes, a medida que vaya sujetando mejor su cabeza, colocarle boca abajo, siempre con cuidado de que no trague agua, y dejar flotar juguetes llamativos alrededor de él con lo que favorecerás tanto su seguimiento y enfoque visual como el control de la musculatura de su cuello, espalda y brazos.

Bebe chorreandole agua

 

Debes ir dejando caer agua al niño por la cabeza para observar sus reacciones y que se vaya acostumbrando al contacto de la misma en la cara.

 

 Bebé mirando sorprendido copy

 

Flexiónale el cuello suavemente llevándole la barbilla hacia el pecho para que eche el agua como en un estornudo.

 

Soplido paterno

 

Al soplarle o salpicarle en la cara el niño inspira y mantiene la respiración (reflejo de apnea)

 

MANIOBRA DE INMERSIÓN

Fecha de secuencia

1.- Avisar.

2.- Contar y amagar.

3.- Soplar o salpicar en la cara.

4.- Dejar que se hunda, desplazarle y sacarle.

5.- Felicitarle por lo bien que lo ha hecho.

 

 

 

 

 

 

 

Si tú o el niño tenéis algún reparo con la inmersión será mejor dejarlo hasta que un profesional pueda enseñarnos a hacerlo en la piscina

 Secuencia inmersion1 copy

 secuencia inmersion2 copy

secuencia inmersion3 copy

 














Dejar que se hunda, desplazarle, sacarle y

felicitarle por lo bien que lo ha hecho.

  

Tre fotos1 copy

tres fotos2 copy

 tres fotos3 copy

 

Con el brazo alrededor de todo el cuerpo, este apoyo lo vas retirando muy gradualmente según se sienta seguro y sientas que el niño también lo está.

dibujo ejercicio1 copy


Suaves desplazamientos acompasados hacia delante y hacia atrás.



dibujo ejercicio2 copy


Suaves giros del tronco en sentido longitudinal (como si fueras a darle la vuelta)

dibujo ejercicio3 copy


Suaves desplazamientos acompasados hacia los lados (como barriendo la superficie del agua)


*Reflejo de Moro. El bebé abre repentinamente los brazos y los vuelve a cerrar sobre el cuerpo ante un sonido brusco o la sensación de caída.

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